miércoles, 27 de julio de 2011

Hasta Burgos llegué



Que ya me vuelven a brotar las palabras como emana el agua en un manantial. Que empieza a sonar la música, que vuelven a sentirse los sueños. Que los pies no paran de andar y no hay quien los canse, y cada vez conseguiré llegar más lejos con ellos, tanto como conseguir llegar a Burgos como si hubiese echado un paseo hasta la vuelta de la esquina, a volver a encontrarnos..

Que en Aranda de Duero hace frío sólo si tú no quieres calentarte los pies danzando, sintiendo una vez más los ritmos brasileños salidos de infinidad de manos sabias, inexpertas, jóvenes, arrugadas, y de todos los lugares imaginables del mapa. Que puede gustarte o no el mojito, pero acabarás probándolo y endulzando las noches en un lugar con encanto. Que las sandías se vuelven vasos gigantes, los vasos de plástico ricas cenas y un pabellón deportivo un gran dormitorio, aunque esto cada vez parece más normal.

Que es posible seguir descubriendo grupos buenos, gente aún mejor, y también volver a disfrutar de los que siempre están ahí (y mil gracias por no faltar). Que no hay encuentro en el que las sonrisas no estén presentes, en el que no encuentres a viejos conocidos, y hagas amistades que algún día volverás a reencontrar al son de Brasil.

Que siempre es de agradecer que existan personas capaces de regalar reuniones, comidas, música y espectáculos en tantas partes del mundo, y que esta vez le regalo mi paseo al Ribera Samba que hizo que volviésemos a cruzarnos en la senda.




Y que no paren de cruzarse nuestros caminos, el tuyo y el mío, que no dejen de aparecer paradas para saborear, y volver a echar un paseo hacia los sueños...




Besos,

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