jueves, 19 de marzo de 2015

No se puede querer más a un padre, Toño

Te acuerdas de todos los relojes de cuco hechos con pinzas de la ropa, de las corbatas de papel, de las manos de tempera de colores...pues hoy te regalo estas palabras.

Porque siempre que escuche a Supertramp te tendré en mi mente. O a Steve Wonder, o Dire Straits. O simplemente cuando vea un peugeot 205 negro (aunque cada vez es más difícil verlos), o cuando trabaje de camarera porque ya ves como está el trabajo de ingeniero...Cosa que también he llegado a ser gracias a ti, a vuestro esfuerzo y a la forma en que habéis conseguido que sea. Aunque llore un día si y otro también. Hoy es de alegría. Porque cuando un nudo aprieta en la garganta y el pecho parece que va a explotar de la presión, es mejor escribir las palabras porque así todo es más claro, más intenso, y más verdadero. Tan verdadero como todo lo que te quiero.

Er papa, Toño, El toni, PAPA! Nunca olvidaré tu felicidad en la cara cada vez que me ves feliz a mi. Ni lo emocionada que estoy cada año en mi cumpleaños por celebrarlo con vosotros, como si aun fuese a venir el Victor y el Luque a jugar a casa, aquella casa de una planta donde salíamos a jugar mientras la Dory nos gritaba. O la ilusión que me sigue haciendo cualquier cosa que hacéis por mi...porque no se puede hacer más esfuerzo por unos hijos que el que has hecho tu en esta vida. Y sigues haciendo.

Algún día te regalaré la furgo yo a ti en vez de tu a mi. Y nos iremos a Torre del Mar un lunes mismo a comer unas pizzas y a mojarnos el culo en el mar. Y llevaré siempre a Brasil en mis venas porque eres tú. Y jamás olvidaré tu cara al verme tocar, ni se me olvidarán ninguna de las anécdotas de aquellos días que pude trabajar junto a ti.

Porque da igual lo que haga, que siempre estarás ahí. No se puede querer más a un padre.

Y como detrás de cada gran hombre hay una gran mujer, el día de la madre se os va a caer el alma al suelo cuando os hable de ella.



Con todo mi corazón, siempre
Besos


jueves, 12 de marzo de 2015

Capítulo 1: Unos meses atrás

Unos meses antes. Unos cuantos pasos atrás, unos cuantos susurros de menos. Unas cuantas copas de más, millones de besos perdidos en ese maldito ensueño, ahogados entre los cubitos de hielo junto con lo que a partir de esa noche se convirtió en mi pasado, tu presente, pero mi pasado.

A la siguiente tarde, más que tarde...me marché pronto de los papeles, la pantalla...y de sus necedades. La vida puede ser cualquier cosa que elijas, menos dejar de caminar. Y salí a pasear, al atardecer, como más me apetecía cada vez que decidía hacerlo.

El sol al atardecer es como ese cosquilleo que al cerrar los ojos cae desde los párpados hasta la punta de los pies, intenso. Casi tanto como mis pensamientos desde ese día.

La música resonaba alto en los auriculares enchufados al teléfono, que hoy estaba fuera de servicio. Caminaba al son de cada batir de la melodía, e imaginaba cientos de historias mientras casi podía acariciar la línea del horizonte entre los edificios. Miraba caminar en la acera de enfrente a aquella chica con su perro y cruzarse con la señora que reñía a sus nietos por pelear entre ellos, más jugando que enfrentando. Paseé sin vacilar en aquella acera que ya me había visto recorrer más de una vez cada uno de mis desaguisados, malas, buenas, orgásmicas tardes,  intensos debates de mi alma y mis pies. No tropecé. Pero de puro milagro.

Crucé a dos chicos en patines, un ciclista que cambiaba de acera, y casi rozaba el peinado recién sacado de la peluquería de señoras y chismes recién cocidos al vapor de la laca. Y también crucé una mirada. Nueva. De ojos con tonalidades frías que parecían más intensos que el último resquicio del sol poniente. Más intensos que la noche que aun esperaba a mis sueños inquietos y ansiosos por un nuevo caminar.

Estaba quieto, impasible al otro lado de la calle. El aire ni siquiera se movía pero la brisa parecía soplar sobrecalentada en mi pecho. El batir de las alas de aquellas palomas que rompieron nuestro cruce de miradas, rompió también el suelo que pareció levantar tres palmos delante de mis, de repente, entorpecidos pies y tropecé. Conseguí salvar la caída. No volví a verlo al levantar la mirada y bajar drásticamente la temperatura.

En mi camino había señoras que vigilaban fijamente, como aquellos vítreos ojos. Bicicletas temerarias como la tensión que mantuvimos en segundos. Niños patinadores que no paraban de rodar como mis cavilaciones, casi como mi trasero. Palomas que volaban como el resto de mi paseo liberador de aquella tarde.

Unos meses antes. Hace unas cuantas miradas menos. Unos cuantos orgasmos atrás.

Volví a casa. Cené pizza. Lloré en el sofá, y me metí en la cama. Sonreí al cerrar los ojos y notar que la brisa caliente de aquella tarde estaba en mi cama, y parecía tener pretensiones de quemar cualquier rastro de pesadilla anterior. Estaba la brisa y también el recuerdo del color azul intenso de esa mirada.
Y entonces la brisa se apoderó de mi cuerpo y subió la temperatura hasta alcanzar la intensidad del primer atardecer de muchos.


Besos,

jueves, 29 de enero de 2015

Capítulo 0: Sólo el principio



Llegué a la orilla y frené en seco. Levanté la vista y volví a la realidad, por llamarlo de alguna manera. Todo esto comenzó hace mucho tiempo, hace muchos sueños. Sueños mojados, como mi piel cada vez que visitaba sus labios, ansiosos por ahogar un grito tras otro.

Loco corazón, viajero a través del tiempo y de su despeinada media melena, la cual ondea al son de aquellos gemidos...no sé muy bien si de socorro o de placer.

Llegó aquel día, hace no sé bien cuánto pero, mucho tiempo, demasiado para mis ensoñaciones hasta el momento. Caminó hacia mí, y ahí intentó grabar su huella. Que lo consiguiese o no, nunca quise decírselo. Aunque no parecía nada importante entonces, se fundió en la piel casi al mismo son que sus piernas se agarraban a mi cintura. Una y otra vez.

Al mirar el agua acariciar los dedos cálidos de mis pies, mi mente iba y venía a la noche anterior, a sus ojos penetrantes, azules, húmedos como el mar. Como yo. Como nosotros. Como el baño en mitad de la madrugada.

Sonreí sola, caminando paralela al horizonte mientras caía la tarde...ignorando aquella luz tenue que a cualquiera enamora, y esperando ver caer la noche a mi espalda, mientras sacudía la arena acumulada entre mis dedos.

Me está matando de placer. Y yo camino desafiante sin vacilar hacia el acantilado que es esa mirada. Y esto es...solo el principio.



Besos,




miércoles, 7 de enero de 2015

No nos pararán

No me digas, que tú no has sufrido, que no has llorado a solas, o en medio de un millón de miradas. No me digas que no te has desbocado cual caballo salvaje con un horizonte infinito por recorrer delante de sus ojos, que has soñado que el cielo era tuyo...

Siempre que no entiendas, la parada que hice en mi camino, no estudies cada minuto que creas saber que he vivido, no inventes paradojas ni diagnostiques mis sinsentidos...solamente, intenta calzarte mis botas y sigue mi camino, quizás te sientes a descansar en los mismos pedruscos donde te digo...y entonces calles, y mires al horizonte con la misma mirada que impregna estas palabras que hoy dejo.

Vuelvo para ser, y renacer un día más tras mis palabras zarandeadas, para escribirte más intensa que nunca, y para agradecer cada segundo que me das y me quitas a la vez...vuelvo, una y otra vez, y aunque en alguna otra ocasión puede que me marche, siempre volveré. Hasta que la fuerza de mis sueños sea tan fuerte que escriba mi historia sobre piedra, que consiga una realidad donde construir nuevos sueños, y donde haya cabida al mejor y más placentero de los paseos.

No podrán nunca parar, el camino de un alma que lucha por la felicidad




Besos,

domingo, 14 de septiembre de 2014

Mis pies, tu samba



Bailar juntos, retozar en el césped, o en el sofá recordando a ritmo de esa melodía que llevas tatuada...en el alma. Caminar todo este tiempo a un mismo son, escuchar retumbar el suelo a ritmo de aquel surdo que hace unos días trajiste colgado cerca de tu cintura, desde tan lejos y a la vez tan cerca. Dejar esa cintura volar, y seguirte mis pasos cual flautista encantador con todo el poder de nuestra música.

Despertar tarareando(te), correr hasta el agua y que el chapoteo vaya acompasado de tu cantar, de su enseñar. Que me roce tu melodía y el vello se erice danzando a tu son. Sentarme exhausta a observar de lejos, esas melodías que de cero levantan el alma y el ánimo y se apoderan de mi cuerpo y de mi cansancio y lo transforman en la mayor de las energías, en amor rebosante de ganas por bailar a tu son.

Ven una y otra vez, vuelve cerca de mí para traer cada vez con más fuerza la música que nos une, no dejes atrás la oportunidad de hacer crecer el camino que cada vez más grande parece, de tanta gente que lo toma bajo sus pies. Este caminar, tan sabroso como largo, se disfruta más si todos y cada uno de los que pusieron su música no dejan nunca de tocar...

Y aquella sonrisa que pintaste en mi cara con la baqueta de tu tambor, brota cada vez que suena aquella melodía, y así poder conseguir caminar a ritmo de nuestro samba, y nunca mais chorar...


Besos,

martes, 31 de diciembre de 2013

Cruzando fronteras

Señor Barak Obama, presidente de los Estados Unidos de América, me llamo Tamara, soy una chica española de 26 años. Mi vida es lo que podría denominarse normal. He estudiado dos ingenierías, las cuales aun no he conseguido poner en práctica en un puesto de trabajo acorde a mi formación, aunque tampoco puedo quejarme, pues tengo varios trabajos temporales que me permiten sobrevivir en la sociedad que hoy en día acontece en mi país, de la cual podría escribirle infernales e infinitas páginas, aunque no sea este el momento de ello.

 Puedo sentirme afortunada porque cada día tengo un plato de comida, un techo donde cobijarme y muchos amigos que llenan mi vida tanto intelectual, como sentimentalmente. Podría decirse que soy privilegiada, en comparación con lo mucho que están perdiendo muchísimas personas. También tengo una familia maravillosa, unos padres que han dado todo su esfuerzo y amor a lo largo de mi vida para que llegase a ser la persona que hoy soy, y siempre seguirán ahí para que cada vez que caiga, tenga fuerza y sepa levantarme y seguir mi camino.
Seguramente todos y cada uno de nosotros pensemos que tenemos la mejor familia del mundo, y probablemente cada uno de ellos lo sea para cada uno de nosotros. Mi suerte es tenerlos cerca y poder abrazarlos y disfrutarlos cada día. Por desgracia, no todos tienen esa suerte.

Todo esto que vengo a contarle tenía como fin esto último a que hago referencia. Querría presentarle a mi amigo Leo, es un chico Uruguayo residente legalmente en España. Es un chico de aproximadamente mi edad, muy cariñoso con todos los que le rodean, y gran persona. Nos conocimos gracias a la música, él es un gran percusionista y también le gusta cantar, se le da bastante bien. Seguramente tenga miles de cualidades más que contar de él pero aun no lo conozco de forma tan íntima. Lo que sí puedo contarle sobre él es que no puede cada día abrazar, compartir risas, lágrimas o un simple café reconfortante con su familia, porque el gran charco como le llaman los separa.

Como ya sabe estamos en época de compartir, de estar en familia, de repartir amor y buenas acciones. Siempre he creído que así debería ser cada día del año, pero las tradiciones…pues ya se sabe. Por fin Leo estas navidades iba a viajar hasta Uruguay para ver a su familia de la cual está separado, no puedo especificarle desde hace cuánto tiempo, pero seguramente para ellos sea muy largo. Bien, al llegar al aeropuerto para embarcar, Leo tuvo que ver como su padre tomaba un avión hacia su país, sus raíces, su familia…mientras él se quedaba aquí lleno de rabia y dolor, imagino que en cantidades incalculables.

¿Por qué le escribo (se preguntará usted) todo esto, si él viajaba a Uruguay y usted es presidente de la primera potencia mundial? Pues porque su avión hacía escala en su país por unas horas, y Leo, aun siendo un chico sin problemas y con todos los papeles en regla, no ha podido viajar por un chip que faltaba en su pasaporte. No entiendo cómo puede una persona poder viajar a cualquier parte del mundo con un pasaporte, y no poder parar unas horas en su país por falta de una pegatina plateada que no sé muy bien qué función tiene, también hay que decirlo.

Cuando usted fue nombrado presidente de los Estados Unidos pensé: “ha llegado el primer presidente negro, quizás realmente ahora existan verdaderos cambios y tantas injusticias y sinsentidos empezarán a cobrar sentido y a formarse una sociedad en la que todo el mundo realmente disfrute de sus derechos tal y como tendrían que ser”. Me equivoqué. Realmente cada día creo menos en la política y en las promesas de cada uno de los máximos dirigentes repartidos por el mundo. A estas alturas, y dadas las circunstancias que estamos viviendo, el pueblo ya tendría que haberse revolucionado en busca de los derechos que nos están arrebatando día a día. Deberían recordar que todos ustedes están ahí porque el pueblo los puso, ofreciendo su confianza en las promesas que luego jamás llegan a cumplir, una y otra vez.

No sé si conoce usted la teoría de los seis grados de Stanley Milgram, esta consiste en que podemos estar conectados a cualquier persona del mundo a través de seis personas como máximo. A raíz de esta teoría se han desarrollado las redes sociales que hoy en día nos permiten estar tan conectados unos a otros. Me permite entre otras cosas, saber que hoy Leo está tan triste e indignado, y también me permite escribir estas palabras y compartirlas con el mundo.

Comprobemos si la teoría de los seis grados funciona. Compartiré estas palabras con mis personas conocidas, y si ellos quieren compartir la indignación que hoy hemos sufrido, quizás lleguen a sus manos. Pensé en traducirlas al inglés para que las entendiese mejor, pero luego también pensé que habrá alguna persona con muy buena formación a la que podría darle trabajo y que se las tradujese, seguramente con mejor calidad que yo, y así poder ayudar a alguien más.

La finalidad de que lea esto no es que mañana llame a mi amigo Leo y le diga que puede viajar a Uruguay de inmediato, aunque sería un detalle por su parte, la finalidad es compartir con todos y con usted la utopía en la que vivimos, en la que los que más daño están haciendo son los que menos sufren. La gente que roba pan porque no tiene para comer pasa años sufriendo condena mientras los culpables de la crisis mundial que hoy acontece vive en mansiones, paraísos tropicales y fiscales, y siguen robando día a día al que no tiene nada.
Este es mi grano de arena para hacer que las cosas empiecen a mejorar, que todos encontremos el camino a una vida mejor, donde los derechos de cada uno se cumplan y vivamos en una sociedad libre de corrupción y malos actos.

Podría seguir horas y horas escribiendo palabras que expresen la rabia que hoy en día no sólo yo o Leo sentimos, sino millones de personas por todo el mundo que ven como la esperanza cada vez se pierde más en el horizonte del camino. 
Seis grados. Seis pasos. Gracias a todos y cada uno por leer y compartir estas palabras.


Besos,



viernes, 29 de noviembre de 2013

Aquí estamos de pie


                                               

No tengo palabras. Hoy sólo siento, dejo que el latido del corazón retumbe hasta marcar el paso de algún caminante casual dos calles, o quizás dos ciudades más allá. Se apodera de mí ese remolino que agita desbocado todo mi ser y me encantaría gritar a los cuatro vientos la verdad del ahora, del momento que estamos viviendo. Y sacar a relucir la más viva realidad, que algunos magos son ogros, la familia es quién está ahí siempre, que lo que cuenta es la historia y no los títulos, que el camino lo marcan los pasos que das, los elijas o no.

Al igual, mi realidad está marcada, hoy más que nunca, por los sueños que no puedo parar de inventar. Y entonces dibujo un par de huellas con miles de estrellas, y pido un millón de deseos por cada trazo que mis dedos sueltan. Así, soy consciente de la más profunda oscuridad, la tomo como un lienzo y trazo un sendero, y luego otro...y al unirlos, invento el laberinto de las respuestas. 

Esto es, siempre buscaremos y buscaremos el porqué en nuestros senderos, pero igualmente sonreiremos pues, en el camino que no parece tener fin, los sueños salpican de los colores más vivos el alma, y la hacen volar...mostrando que no hay respuesta en el final, pues las respuestas son al fin y al cabo, el caminar.

                                                                                                                http://youtu.be/DkFJE8ZdeG8


Besos,