sábado, 22 de enero de 2011

La moneda en el suelo



Cualquier cosa en este mundo, por más insignificante que sea, puede ser interpretada de mil formas diferentes. Por un lado, esta semana...

Se me ha salido un dedo del pie, me han dolido huesos varios de otras partes de mi anatomía. La anatomía de mi coche también se ha visto afectada (adiós radiador de la calefacción). Esa brisa invernal que entraba por los conductos (insuficientemente) cerrados de mi auto ha hecho que coja un resfriado que me ha permitido hacer las cosas justas, y me ha retenido cerca del brasero otras muchas tantas horas. He pasado más tiempo en compañía de problemas del sólido rígido y condensadores que de quien realmente da compañía día a día. La psoriasis ya es dueña de más partes de mi cuerpo que yo misma...

Por otro lado, esta semana...

He andando más de lo habitual como deseaba hacer desde hace tiempo. He cuidado partes de mi cuerpo más concienzudamente que en otro momento cualquiera de mi vida. Me he conseguido concentrar (por momentos) para calcular tensiones en cuerdas de poleas que antes ni siquiera entendía por qué colgaban de esa manera tan poco atractiva. He sonreído más que echado mocos (que ya es decir) viendo jugar juntos a mis perros, cerrando los libros antes de acostarme, viendo el final de esa película, hablando contigo, descubriendo cosas nuevas sin querer, soñando...

Al final siempre me gusta más ver la semana por el lado que da más alegrías que vueltas en la cabeza. Cuando paseéis por la calle, echad de vez en cuando la vista al suelo por si aparece una moneda, que a falta de mayores regalos, será la forma en que os quiero dejar una sonrisa en vuestros senderos.


Besos,

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