jueves, 5 de mayo de 2011

Las botas que me traen y me llevan



Escribir 23 líneas de texto. Seleccionarlas y borrarlas. Empezar de nuevo, ahora un poco más lento y con otro tema más calmado. Volver a seleccionarlo y borrarlo. Apagar la luz, encender dos velas, una verde y otra blanca, cerrar los ojos y salir volando por la ventana que da al patio. Subir alto, cambiar de ciudades y empezar a descubrir imágenes.

Caras nuevas, caras muy antiguas. Es inquietante como en un sólo día, puedes conocer tanta gente nueva como recordar rostros viejos (en el tiempo, no en edad necesariamente), y todas las sensaciones que ello te provoca. Si ya vives esto durante algunos días seguidos, la cosa se vuelve más intensa por momentos.

Abrir los ojos y volver (momentáneamente) al sillón. Comprobar que lo que escribí con los ojos cerrados no tiene demasiadas faltas de ortografía. Percibir el olor a cera quemada, mirar la llama y cerrando los ojos volver a despegar.

Entender que podemos ser como queramos ser, en todo momento de nuestra vida, solo con ganas y esfuerzo. Descubrir que todos vamos cambiando, evolucionando, y que aprendemos de los demás y de uno mismo, que buscamos amor, calor, sonrisas y buenas sensaciones en los demás, sean conocidos de dos horas, o amigos desde los dos años. Razonar y ver con claridad en el interior de cada uno, que nadie se parece en nada a nosotros, que algunos llaman más o menos nuestro interés, pero que al fin y al cabo, todos nos atraemos con el fin de conocer lo raro y atractivo que existe en el interior de cada uno. Luego ya elegimos que parte de lo vivido guardar, para cuando la mente necesita volar en lugar de caminar.

Volver a abrir los ojos. Darme cuenta que escribir sin mirar a la pantalla cada vez se me da mejor...y que soñar es algo que no dejaré de hacer día a día, porque es parte del alimento del alma. De soñar, y de recordar, las sensaciones placenteras, los días de alegría, la lluvia que no molesta, el sol que no quema, los pensamientos positivos que borran los malos sueños.

Y como el camino sigue adelante, solo vuelvo la vista atrás para sonreír por lo vivido y planear, volver a volver a los sueños de esta senda. Saber que hoy he aprendido algo nuevo y que esto pasará día tras día, y que estaré agradecida a aquel que cruce mi camino para enseñarme algo en esta vida.

Y tanto que me costaba comenzar a escribir hoy, ahora no encuentro las palabras para acabar...será que no hay manera de dejar de volar, de regresar por la ventana y dejar la mente descansar. Por lo pronto soplo las velas, percibo su olor algo más, y empiezo a abandonar las letras para ir en busca de los sueños, otra vez.

Será quizás, que tu mirada no deja de alumbrar este camino que no acaba, que apetece recorrer, vivir...





Besos,

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